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Novela del Director

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Aquí os adelanto los primeros capítulos de mi novela “Pyramiden Köln”. Basada en hecho reales durante mi estancia en la ciudad de Köln, Alemania y que en muy breve verá la luz.

Espero disfrutes del sabor amargo que tiene la oscuridad en estas calles del norte más frío de la vieja Europa.

——————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————————–

 

Pyramiden Köln (1ºParte)

-He venido a matarte, no debes seguir viviendo sabiendo lo que sabes.

Así terminó todo, pero lo correcto será empezar por el principio.

Viernes 4 de Abril, 3:30 de la madrugada, tren de cercanías, Köln (Alemania).
Acababa de salir de mi trabajo en el restaurante, en donde llevo seis meses sin descanso. Dedicado a buscar un futuro mejor en esta ciudad. Atrás dejé mi tierra y con ella mi familia y amigos

Como cada noche subí al metro número 9, a primera vista parecía vacío. Fui a la máquina de venta de tickets, pagué los 2,80 euros y esperé a que parpadeara la luz, recogí mi recibo y me senté al fondo del vagón, donde por alguna extraña paranoia me sentía más seguro.

Durante tres paradas no subió nadie, el tranvía iba silencioso y perturbador a su vez.

Después de cruzar el puente DeutzerBrüke, el último tramo hasta la siguiente parada se hizo largo, como si todo mi trayecto se hubiera concentrado en esos cien metros; paramos y se abrieron las puertas automáticas, no subió nadie de inmediato, hasta que apunto de cerrar, entró ella, con pasos silenciosos y etérea.

Se colocó en mitad del pasillo, miró a cada lado y luego se dirigió hacia el fondo.

A primera vista su delgadez llamaba la atención ; el pelo, negro y liso le llegaba hasta a los hombros; su ropa y su aspecto parecía descuidado, en un abandono de si misma.

Caminó con la cabeza agachada y se sentó solo dos asientos delante de mí.

Saqué mi móvil para disimular y miré unas fotos que había hecho esa misma tarde, hasta que sonó el suyo, el tono era una conocida canción latina, eso ya de por si me extrañó, puesto que nos encontrábamos en plena Alemania.

Tardó bastante en descolgar. Hasta que por tercera vez insistieron…

-Te he dicho todo lo que tenía que decir-.

Eso fue lo que contestó, sí, en un perfecto castellano. Se quedó en silencio un instante, como escuchando, parecía una pelea de pareja.

-Es la tercera vez que los he visto, estoy harta de hacerlo así-.

Yo ya no sabía de que iba, me había perdido.

-¡Vale! ¡Vale! (dijo con voz enérgica)

Nadie subía al vagón en las paradas por las que íbamos pasando y pronto llegaríamos a la mía, cuando ya la conversación dio un ligero cambio.

Así sucedió:

-Estoy cansada de estar aquí, de que siempre sea lo mismo. Sabéis muy bien todo lo que estoy pasando. Estoy enferma por ir a ese lugar- ( y aquí no pude evitar ponerme algo nervioso, lo admito) -me estoy volviendo loca, están en todos sitios, me persiguen, me hablan, me usan.

Llegamos a mi parada, pero no pude bajarme, no pude, me quedé para seguir escuchándola. Me sentía violento por la situación pero algo me decía que tenía que seguir allí.
Yo tenia una capucha debido al frío y la cabeza agachada mirando el móvil, quería pasar lo más desapercibido posible.
Me sorprendió que nadie subiera al vagón. Llamaba la atención que ni se hubiera girado a mirarme, no se. Pronto llegó lo realmente espeluznante, espero poder recordarlo tal como ocurrió.

-No, no, no ( dijo no muchas veces, eso si lo recuerdo ) estoy en el tren ya, voy a casa de Verónica, … es que no se donde ir. Que no, no pienso volver.. Están en todos sitios, en todos. No dejo de verlos y escucharlos. Ahora mismo…estoy en el tren y hay uno de ellos detrás de mi con una capucha, con la cara borrosa como todos-.

¡Mierda! , perdón por la palabra, pero ¡mierda!!, en ese momento se me heló la mismísima sangre, juro que no entendía nada, mi cuerpo se quedo helado, miré incluso hacia el cristal del tren para ver mi cara, revisé el resto del vagón tras de mí por si había otra persona, pero nada. Pensé que porqué no me había bajado en mi parada, porqué tenia que meterme siempre donde no me llamaban. Pero de pronto siguió hablando.

-¡Dejadme en paz! Esto es culpa vuestra. Estoy cerca de la parada en la que tengo que bajarme y sé que me va a seguir…..si, si, es como todos, tiene la cara igual, aunque esta vez está solo….¿cómo?….¿ahora?…-

En ese momento se quitó el teléfono de la oreja y se giró lentamente hacia mí, el corazón, os lo juro, me cambió de ritmo, dio un fuerte golpe en mi pecho, estaba asustado de verdad.
Se fue girando muy lentamente, como si no quisiera mirarme, como si ella tuviese muchísimo más miedo que yo, se giró y puso sus ojos perdidos y aterrorizados en mí…

Pyramiden Köln (2ºParte)

Al mirarme, agaché la cabeza aún más para que no pudiera ver que la miraba, y justo, un instante antes de ocultar mis ojos, pude ver los suyos.
Parecían perderse en su inmenso globo ocular, la pupila era negra con un curioso aro exterior azul, me miró y no pestañeó, simplemente me observaba con terror.

Rápidamente oculté mi rostro, sentía la incomodidad de su mirada clavada en mi, se podía escuchar su respiración ligera acompasada con el sonido de las vías del tren; no pude evitar extrañarme, cuando me di cuenta de que ese rostro perdido en la noche, apagado de pánico y esos ojos embalsamados en soledad, habían llamado mi atención; me di cuenta de que la chica del tren de madrugada, emanaba una sutil belleza desvirtualizada por el miedo.

De pronto… se cortó mi desvariado pensamiento cuando escuché que se levantaba. Observando bajo mi capucha pude ver sus pies delgados, medias negras y zapatos sucios algo desgastados. Me quede inmóvil, como ella.

El silencio de ese momento solo era entorpecido por la voz al otro lado del teléfono. Aflojó sus débiles rodillas y tomó asiento justo delante de mi, con sus piernas hacia un lado, para seguir observándome, supongo.

Fue en ese preciso instante cuando me invadió su fuerte perfume, un olor a madera vieja, a la humedad en las escaleras de cualquier sótano sin fin, aliñado extrañamente con un ligero toque afrutado, tenía ese aroma dulce, pero a su vez desgarrador.

Sabía que de un momento a otro pasaría algo; alguien entraría, ella se iría, algo, algo pasaría. La tenía mirándome a unos escasos treinta centímetros, y su olor me aturdía.
Acto seguido levantó el teléfono y decidió escuchar al que hablaba desde el otro lado del aparato.

-Ahora mismo estoy junto a él…sí, lo estoy haciendo, estoy afrontando mis temores, no le quito la vista de encima. Viste normal, con jeans y capucha negra, aunque no consigo ver bien su cara, como de costumbre- (y de pronto dice) -su olor es a madera vieja, a la humedad en las escaleras de cualquier sótano sin fin, aliñado extrañamente con un ligero toque afrutado, tiene ese aroma dulce, pero a su vez desgarrador, sería fácil recordarlo-. (su voz temblaba débilmente, como mi alma)

La situación se iba complicando por momentos, ¿a qué venia eso, porque dijo exactamente las palabras que yo había pronunciado en mi mente segundos antes?

-Ya estoy en la parada.-dijo ella

Nuestro tren había llegado supuestamente a la parada de Neumarkt, la estación donde parecía que vivía su amiga, la tal Verónica.

-Me voy a bajar… dijo

Yo no podía dejar que todo acabase así, instantes antes deseaba haberme bajado en mi parada, pero ahora me invadían las dudas, ¿quién era ella? , ¿quién era yo supuestamente?, también admito que quería volver a ver esos ojos.
Decidí en un breve instante, mientras la voz del tren anunciaba la parada; que si ella bajaba, yo haría lo mismo y la seguiría, no se con que pretexto, pero lo haría.

El metro llegó, hizo el incómodo frenazo que te resbala del frío asiento de plástico azul, las puertas se abrieron, pero, ella, no se levantó, pasaron unos leves segundos y las puertas se volvieron a cerrar, para sumarle más filo a la situación tampoco entró nadie.
Enseguida nos pusimos en marcha.

El silencio se hizo espeso, el aire se volvió gelatinoso y gélido. Era la antesala de algo que inevitablemente iba a ocurrir, me iba a hablar.

-Seguramente ya has vendido los clavos de tu cruz…

Pyramiden Köln (3ºParte)

Me quedé inmovil, sabía que tenía que reaccionar, ¿pero qué podría hacer? ¿Qué significaba esa frase, fuera totalmente, de contexto?
No iba a responder algo que no fuera a cortar esa noche que había empezado como una locura.
No pude ni analizar lo que ella me dijo, la tenía tan pegada a mí, escuchar su voz fue como saborear en mi boca un líquido corrosivo, sabiendo que sin embargo, desmenuzaría mis organos a su paso.

Su voz era dulce, conocida, cercana, diría que hasta sensual, pero no dejaba de ser una punzante herida abierta que me causaba dolor y sangraba.
En un segundo decidí levantar la cabeza, mirarla y decirle que se había equivocado de persona, quizás así saliese aireóso de la situación.
Y eso hice.
Levanté la cabeza poco a poco, y ahí estaba, esa mirada perdida sin tapujos, esos labios marcados y apretados por los nervios, observándome sin paciencia. Desde el comienzo nunca la vi tan cerca y tan directamente, su piel blanquecina parecía transparente, su mandíbula marcada, esos extraños ojos.

-Disculpa, creo que te equivocas de persona. (dije en tono amigable).

Y de pronto sentí como mis pupilas se retractaban sobre si mismas, negándose a ver lo que yo les había obligado a observar. Su rostro pálido, inyectado en terror e ira, soltó, en ese mismo instante, un grito mudo , seco y ensordecedor. Su cara de desfiguró hasta lo impensable como si mi voz o mis palabras hubieran lacerado con el mismísimo fuego su alma.
Se levantó de un sólo salto y corrió hacia la primera puerta en donde tiró del manillar rojo de emergencia, el tren paró de un frenazo y abrió las puertas. Yo decidí rápidamente que iba a seguirla. Salí tras ella viéndola saltar desde el tren y metiéndose en la primera calle que había frente a nosotros, a punto de ser atropellada. Salté y corrí aprovechando que los coches habían parado para evitar arrollarla.

Huía despavorida de algún enemigo , que por supuesto no era yo.

La noche era helada, el frío me agotaba en cada paso y temía que pudiera darme algún ataque episódico de mi enfermedad.
No había nadie por las calles, aún la oscuridad era cerrada, corría por una callejón en obras, al fondo a la izquierda alumbraban los dos picos de la catedral gótica de Colonia, estaba más o menos localizado, corría hacia el casco antiguo.

Llegamos a una gran plaza que estaba en obras, los bares habían cerrado.

Logró alejarse de mi como unos cincuenta metros, hasta que la vi meterse en una pequeña calle peatonal muy oscura que iba a dar al Rhin, una callejuela empedrada y sin luz.
La perdí de vista al entrar en ella.

Al llegar, frené mi paso, la calle era muy pequeña, estrecha y angosta, reclamaba protagonismo en una noche de psicodelia.
Caminé lentamente sobre los adoquines, esperando escuchar algún paso, alguna pista de donde se encontraba; no sabía el porque la había seguido, pero desde que subió a ese tren, cambió mi vida, me invadía esa sensación de agonía. Tenía que encontrarla, saber quien era, y sobretodo qué veía en mi.

Se podía oler la brisa del río, ya estaba cerca de que acabara la búsqueda, miré a mi izquierda por una trasversal y vi en el silencio de la noche el poderosa caterdral alumbrada, rígida e imperenne.
El mutismo de mis pasos y mi respiración eran incómodos incluso para mí mismo.
Llegué al final del camino, solo estaba el afluente ante mi, a ambos lados terrazas cerradas, podía ver fácilmente si huyó por el paseo ya que se podía observar en su totalidad. Así que volví sobre mis pasos.

Justamente a mitad de camino, me quede inmóvil, se escuchó algo. Parecía venir de una esquina oscura del callejón, junto a lo que parecía la puerta de una taberna rumbrenta.
Se escuchaba un leve llanto, provenía del rincón más oscuro y alejado de la realidad.
Me acerqué lentamente, con la misma sensación de estar adentrándome en el mismísimo infierno; y allí estaba, echa una bola en el suelo, con la cabeza entre las rodillas, llorando como una niña indefensa, sublimemente contradictorio a su apariencia.

-¿Quién eres?- (le dije) – ¿Porqué huyes así de mí? – (mientras me acercaba, más y más a ella, eso si, lentamente. Mi sangre corría por las venas como un líquido espeso acristalado).
A un escaso metro podía oír sus gemidos y sus lágrimas, no contestaba a mis palabras ni a mi presencia.

Me agaché hasta ponerme arrodillado frente a ella, y le intente hablar aún más cerca.

-¡Háblame!

La tensión se podía servir en bandeja de plata, la oscuridad solo era teñida por sus lamentaciones, y en un instante de completa locura , puse mis manos sobre una de sus piernas para llamar así, su atención.

Como si del ataque de una serpiente se tratase, se movió con una rapidez que en aquella penumbra no pude apreciar, sino sentir.
No tuve tiempo a reaccionar, apartó mis manos de un solo golpe y se abalanzó sobre mí, me rodeó con sus frías y delgadas manos, sintiendo todos sus huesos en mi cuello, tuve que hacer un gran esfuerzo para no caerme, no sabía que ocurría, ni que hacía, no podía ver nada, hasta que de pronto, una de sus manos ya no estaba en mi cuello, muy rápidamente la bajo hasta mi pecho , entre nosotros, y lo sentí… sentí el
inmutable frío del acero, saboreé en mi vientre cada moteada imperfección de la hoja del cuchillo que entraba en mí, como si a cada centímetro que se abría paso, robara mi respiración y mi vida, me abrazó aún más fuerte y al oído, me dijo una sola frase:

-Te estoy salvando la vida

Sacó la hoja manchada de mi cuerpo y me soltó, ayudándome con mis manos terminé de caer al suelo, sólo escuchaba levemente como se alejaba corriendo por el callejón; sentía como se me escapaba el aliento sobre aquel gélido suelo y la poca luz que veía reflejada en los cristales se me iba tiñendo de color púrpura. Sencillamente, solo pude dejarme ir recordando su susurro en mi oído, que aún así, en aquel momento, me parecía extrañamente bello; -Te estoy salvando la vida…

Pyramiden Köln (4ºParte)

La luz era blanca, muy blanca.
Me sentía cansado y débil. Intentaba abrir los ojos, pero por más que me esforzaba la ceguera aumentaba, aún así tampoco percibía ninguna sensación en mi cuerpo, no lo sentía, ¿estaba muerto? Hasta que escuché decir en un perfecto alemán:

-Está despertando, llamaré al doctor.

Volví a cerrar los ojos por el cansancio, parecía que todo estaba ocurriendo a cámara lenta.

-¡Hola! ¿Escucha mi voz? Si es así abra los ojos poco a poco.

Esa voz ruda y germana parecía salir de una cueva, me aferré a ella como al último cabo del muelle, seguí escuchándola y abrí los ojos poco a poco.

-¡Muy bien! No deje de oír mi voz, no se rinda, es importante que escuche me escuche en todo momento.

Veía todo muy blanco y borroso, pero por fin pude diferenciar una mancha negra ante mi, suponía que era de donde venía la voz.

-No debe tener miedo, abra los ojos y míreme. Está en un hospital. Ya está fuera de peligro y yo soy su médico. Es una buena noticia que haya podido despertar. Ahora no intente hacer ningún esfuerzo, solamente limítese a descansar. En unas horas dejaré entrar a sus familiares e intentaremos que usted despierte por completo. Tiene que ser un proceso gradual. Ahora debe descansar.

No podía entender en ese momento lo que el doctor había dicho sobre mi familia, ¿habían venido a verme? ¿tan grave estaba? ¡¿qué me había pasado?¡ Mis recuerdos eran confusos!

-Doctor no se vaya, le está subiendo el pulso muy rápido- (dijo una voz de mujer)

-Adminístrele 80 mg de sedante intravenoso..tenemos que evitar que sufra una nueva crisis episódica.

De nuevo, volví a esa nube en donde nada podía pasarme.

Pasado un tiempo, para mí impreciso, escuché a lo lejos una voz que por momentos se acercaba a mí..

-¡Artur! ¡Artur! ¿Me escuchas? ¡Despierta!-

Y como en un largo suspiro recobré el aliento y abrí los ojos. Allí estaba mi hermano mayor, Dam, sentado junto a la cama con aspecto demacrado.

-¡Artur! Que bien, estás abriendo los ojos. Enfermera por favor llame al doctor, dígale que ha despertado.-

Mi hermano se defendía en un pésimo inglés.

-¡Artur!, soy tu doctor, vemos que todo esta mejorando. Intente mantenerse despierto el máximo tiempo posible. Ordenaré que disminuyan la dosis de los sedantes. Les dejo hablar y cuando se encuentre mejor ya charlaremos de su progreso.-

-Muchas gracias doctor- dijo Dam

-Háblele normal,pero sin aturdirlo, cualquier cosa, llame a la enfermera.-

-Así será, doctor.

Podía escucharles perfectamente. Pero aún no era consciente al cien por cien de la realidad.

-Artur, soy Dam. Estoy aquí desde que te ingresaron, esa misma noche llamaron a tu compañero de piso y él se puso en contacto con nosotros. El resto de la familia ha estado yendo y viniendo. Ahora mismo solo estoy yo. Perdona que te hable así, pero el doctor nos ha dicho que seamos directos y concisos con las palabras.-

Yo intenté balbucear alguna de ellas, pero no podía, no tenía energías.

-No hables, no hagas esfuerzos, simplemente mantente despierto. Gracias a Dios ya estás consciente y estable. Después de un mes en coma es todo un milagro que hayas despertado.-

¿Un mes en coma? ¡grite en mi interior!

-Enfermera, le sube el ritmo cardíaco muy deprisa-.

-No pasa nada, el doctor ha programado una serie de sedantes para facilitar este proceso-.

-Artur, lo importante es que ya estás mejor y ese cabrón entre rejas. Seguro que ya no volverá a apuñalar para robar una mísera cartera-.

Estaban confundidos, no lo podía creer, ¿un ladrón? Hice un gran esfuerzo por hablar.

-Dam…

-¿Qué? ¿Que te pasa? ¿Llamo al doctor?

-No…..no era un ladrón.

-¿Qué hablas?

-La persona que me hizo esto no era un hombre y menos un ladrón. Estáis confundidos.

-Estas mal por tu estado, todo está confirmado, hay cámaras de seguridad que lo corroboran, te vieron entrar en el callejón y segundos después entró él. Te encontró un camarero tumbado en un charco de sangre, no llevabas tu cartera encima. La policía lo atrapó a las pocas horas de que te encontraran. Yo mismo he visto los vídeos e incluso él ……..se ha reconocido culpable de los hechos.

No podía creer lo que estaba escuchando. El pulso se aceleraba con cada pensamiento. Escuchaba como el pitido de la máquina se desesperaba conmigo y mis ojos caían por si solos, poco a poco, dejaba de nuevo, de escuchar sus voces, cayendo en un profundo sueño.

Todo estaba oscuro, empecé a ver dos grandes torres ante mi, brillaban débilmente. Pronto deje de flotar y pisaba un suelo firme, parecía piedra; hacía mucho frío.

Todo se iba aclarando cada vez más; podía ver las torres de la catedral ante mi y observé aquel espectáculo hasta que de pronto la vi; salió de un callejón y se ocultó rápidamente en otro, era ella. Eché a correr y extrañamente, podía hacerlo sin cansarme.
Se podía escuchar el sonido de sus pasos envejecidos en la noche.
Por la calle contigua a donde había aparecido se oían unas voces “¡Artur Despierta!”, pero decidí buscarla a ella; constantemente sonaban las campanas del Dom, acompasadas como si marcasen el ritmo de mi corazón.
Al llegar justo al cruce de la calle por donde ella había entrado, pude ver como corría hacia mi sobre sus mismos pasos. Le grité mientras intentaba sujetarla, pero no me escuchó… como si yo no existiera.
Corrió despavorida y se perdió en la oscuridad.
Me quedé solo en medio de aquel cruce entre cuatro caminos y desesperado giré buscando una salida. Justo en el callejón que había tras de mi había una silueta impávida, inmóvil… sabía que me observaba. Las campanas no paraban de sonar cada vez más deprisa y la sombra decidió acercarse a mi, no podía ver su cara. El sonido de la catedral, ese pam pam pam pam me dejaba sordo. De pronto, dejé de sentir el peso de mi cuerpo y todo se volvió oscuro de nuevo, sólo pude flotar escuchando la voz de Dam y el doctor.

Pyramiden Köln (5ºParte)

Sabor a metal sería la mejor descripción para mi vuelta a la consciencia. Un sabor agrio y metálico recorría mis labios y mi garganta. Poco a poco fui recuperando el conocimiento y observando donde me encontraba. Estaba claro que aquellos tubos enchufados a mí no formaban parte de ninguna alucinación psicodélica producida por mis desvarios. Estaba de nuevo, despierto en el hospital de Colonia.
No era muy difícil averiguar que había sufrido otro ataque. Me desesperaba la idea de no saber que me pasaba..cuánto tiempo llevaría allí..y , en concreto, que sería lo que envuelve a la extraña del tren que había cambiado drásticamente mi vida, porque sabía que era una chica la que me atacó y no un simple ladrón como todos decían.

Durante aproximadamente unos veinte minutos no entró nadie en mi habitación y decidí salir de aquella cama en la que estaba postrado. Necesitaba urgentemente tomar algún rayo de sol y respirar aire puro. No fue complicado deshacerme de los tubos aunque he de admitir que no fue nada agradable.
Al incorporarme en la cama, el mareo que sentí fue tan grande que supe claramente que llevaba mucho tiempo tumbado. Me costó hacer llegar la sangre a mis piernas, pero poco a poco fui moviendolas haciendo un esfuerzo por levantarme. Me arrastré por la orilla de la cama hasta los pies y con el cabecero que pude usar a modo de apoyo, hice mi primer intento por levantarme.
Ya estaba de pie. Lo mas difícil había pasado.
Supe que mi sangre estaba recorriendo completamente mis pies porque empezaba a sentir el frió del suelo de mármol. Llevaba una bata blanca y una pulsera de identificación en mi mano izquierda. Estas serían mis únicas pertenencias para mi gran reto de hoy, buscar un rayo de sol.
Al salir de la habitación y escuchar los primeros ruidos, me pareció que ya había aterrizado en el planeta.
Un largo pasillo de tres metros de ancho y una infinidad de largo se presentaba ante mi y mis débiles piernas. Cientos de puertas e innumerables ventanas.
Comencé a caminar con un objetivo claro.. llegar a la salida por donde entraba la cálida luz.

No se si sería mi percepción de las cosas pero parecía que yo no existía ni para médicos ni enfermeras. Simplemente me abría paso disfrutando de una supuesta invisibilidad. Al fin estaba ante la puerta que daba a mi objetivo. La luz me cegó por completo y el olor a césped recién cortado me hizo sentir , si cabe, aún mas vivo.
Caminé sobre las baldosas del patio calientes del sol hasta llegar al primer banco vacío, junto a un sauce llorón. Me sentía extrañamente bien hasta que me interrumpió la voz de Dam llamándome desde el segundo piso. No tardó mucho en bajar y llegar hasta donde estaba.

-¡Artur! ¿ qué haces aquí fuera ? ¿ Estás loco ? Volviste a perder el conocimiento hace una semana y a parte de eso pueden saltarse los puntos.

-Tranquilo Dam. Me encuentro perfectamente y esto es algo que necesitaba de verdad.

-¡Ya! te entiendo, pero debemos antes consultarlo con el doctor. Hay muchas cosas que debemos de hablar.

-En serio, solo te pido que me dejes diez minutos mas aquí. Tú sube, busca al doctor y en diez minutos nos reunimos en la habitación. Dam , hazme caso. Te juro que lo necesito. Estaré bien. Tan sólo es un momento.

-Vale, aceptaré porque sé como eres. Sólo te pido que no te alejes más. Te esperaré en la habitación.

Dam se alejó preocupado pero al menos, había logrado un tiempo para poner mi cabeza en orden. Empecé a repasar punto por punto todo lo que recordaba pero aquel banco no era el mejor lugar … Contra los deseos de Dam comencé a caminar por la vereda mas alejada del jardín justo la que bordeaba la valla que daba al exterior.
En voz alta para que no se me escapara ningún detalle empecé a rememorar el momento en el que subí al tren.
Era de noche, el vagón estaba vacío hasta que entró ella. Creo que discutía por teléfono y se dirigió a mi catalogándome como un monstruo sin rostro. Mas tarde saltó del vagón y se perdió entre las calles estrechas y oscuras que van a dar al casco viejo. Yo corría tras ella y no sabía …

-Artur, ¿ estás ahí ?

De pronto una voz que reconocía dijo mi nombre y preguntó por mi. Miré a mi alrededor por todo el jardín.

-Estoy aquí, junto a la valla.

Me giré asustado y vi esa silueta difusa… no sé porque pero sabía que era ella…justo la persona que me había mandado directo a aquel hospital y aún así, no podía resistir acortar los metros que nos separaban . Junto a su sombra difuminada podía escuchar su respiración y le hablé.

– ¿ Eres tú verdad ?

– Sabía que sobrevivirías…

Pyramiden Köln (6ºParte)

-Existes… Sabía que todo era real, ¿qué haces aquí? podría denunciarte, ¡me has apuñalado!

-Se que no lo harás. Te pido disculpas, era la única manera de dejarte atrás y que no me siguieras.

-Dicen que había un hombre, que fue él quien me apuñaló. ¿Sabes quién es?

-No puedo explicarte más ahora, simplemente no debiste seguirme, y por supuesto no tendríamos que estar hablando ahora mismo. No será la primera vez que oigas hablar de ese hombre, no pierdas tu tiempo pensando quién era el que estaba esa noche allí, él es un simple emisario. Ten cuidado. Me tengo que ir…

-Espera, ¿volveremos a vernos?

-Supongo que sí.

En ese preciso momento me dí cuenta de que estaba siendo manejado por una desconocida que desprendía inseguridad, temor y pánico. Se sentía fácilmente como observaba a cada lado mientras hablaba conmigo, con sospechas de ser vigilada. Infundía una falsa prepotencia, queriendo manejar una situación que se le había escapado de las manos sin control.

-Mañana a esta misma hora estaré aquí mismo, comprende que necesito respuestas y las quiero. – le dije convencido y seguro de mi mismo, recuperando el terreno que perdí el día que ella decidió entrar en mi vida para cambiármela de golpe.

-De acuerdo, lo intentaré , ahora debo irme…

Me quedé un segundo mas allí mismo escuchando como se alejaban sus pasos por la acera. Como de costumbre ahora tocaría volver a ordenar las ideas.

-¡¡Artur!! ¿Qué haces ahí?

Dam venía a paso ligero cruzando el jardín.

-Te dije que no te alejaras del banco…

-Ok, tranquilo… ya no soy un niño. Necesitaba dar un paseo.

-Vamos a la habitación. El doctor te ha recomendado reposo.

Ya estaba empezando a sentirme un poco agobiado. La sensación de control sobre mi me estaba aturdiendo. Necesitaba de alguna manera empezar a abrir claros en toda esta penumbra. De camino a la habitación ví mi oportunidad para preguntarle a Dam sobre cosas que yo no recuerdo.

-Por cierto Dam…

-Dime

-Me gustaría ver los vídeos de seguridad de aquella noche.

-¿Lo ves necesario? No creo que sea nada recomendable. Podrías empeorar…

-Puede ser… pero aún así quiero verlos. Entiende que es a mí a quien han apuñalado… Quiero saber quién y como fue…

-De acuerdo, más tarde haré unas llamadas al comisario que contactó conmigo y veré que se puede hacer.

-Te lo agradezco.

Llegando a la habitación,una de las enfermeras salió y nos explicó que el doctor había tenido una urgencia de última hora,que guardara reposo hasta la hora de la cena y un sin fin de cosas que intentaba explicarnos pese a que yo ya no le prestaba atención. Tenía la cabeza en otro lugar. Los dejé solos hablando en la puerta y entré para tumbarme.

El olor de la habitación era diferente… era espeso y pronto supe el porqué… Había algo sobre mis sábanas. Desentonaba al contraste con la palidez de la habitación. Era oscuro… llegué a los pies de la cama y pude ver lo que era…una flor… un tulipán negro , no cualquier negro… un negro de muerte y bajo él, una nota. Rápidamente me giré y miré hacia la puerta donde aún estaban hablando. Parecía ser que el único que se había percatado de aquel tulipán era yo. Me acerqué lentamente… admito que algo temeroso, lo aparté casi sin querer tocarlo y cogí la nota. La desdoblé con sumo cuidado y pude ver que estaba escrita a mano. Una letra agresiva pero elegante. La frase era contundente y directa: ¨No hables más con ella¨.

Levanté la mirada y me quedé observando el horizonte más allá de los jardines del hospital. Pensé para mi mismo que la situación se había escapado a los límites de mi entendimiento. Supongo que en ese momento mi cara era un lienzo en blanco en donde se podía dibujar con óleo, el miedo. Guardé la nota y el tulipán bajo mi almohada y aún sin sobreponerme a lo ocurrido volví a la puerta.

-Perdonad que os interrumpa… ¿quién ha entrado hoy en mi habitación?
A lo que Dam respondió:

-Desde que tú saliste al jardín he estado en ella, únicamente ha entrado la enfermera para preguntar por ti. Fue cuando aproveché para bajar a buscarte.

Estaba claro que ella lo sabría.

-¿Cuando estaba aquí, entró alguien a parte de usted?

-No señor. Su hermano salió y yo tan solo preparé los sueros. Al acabar llegaron ustedes.¿Ocurre algo?

– Artur, ¿Que pasa? Te has quedado pálido…

-Nada…Nada. Perdonadme, creo que solo necesito descansar.

-Será lo mejor.- Dijo la enfermera.

Caminé desde la puerta a la cama como si ya me hubieran sentenciado a fusilamiento y me tumbé. Solo quedaría esperar hasta mañana…

Pyramiden Köln (7ºParte)

Pasaron las horas y con ellas los turnos de noche; varios cambios de suero dando paso a nuevos tratamientos de los que nunca se me informó, servicios de lavandería que entraban y salían como ladrones, y yo, simplemente, no pensaba en nada de mi alrededor, solo esperaba a mañana para poder verla.

Fueron apagándose una a una las luces de los balcones y los pasillos. Se escuchaban ya muy pocos pasos, o mejor dicho, casi ninguno.
El leve pitido de mi electrocardiógrafo me iba marcando la pauta para mi sublime sueño, y así fue, un juego hipnótico que me sedujo hasta perder la conciencia, mientras, sin fuerzas, mis ojos tiritaban dejando mi cerebro perdido en una espiral de oscuridad.

Salí de aquella cama fría y pálida directo a la puerta. Volví a escuchar mi corazón de esa forma tan peculiar, fuerte como si latiera sin descanso dentro de mi cabeza. Pese a ello, me sentía ligero avanzando hacia el pasillo principal.

Miré a cada lado pero el hospital estaba completamente vacío. Las luces solo llegaban hasta cierto punto, pero yo tenía que seguir, llegar más allá de esa oscuridad. Pronto sabría el motivo.
Caminaba lento, sin sentir el frío mármol ni el aire que entraba por las ventanas, fui sin descanso, paso a paso llegando al final de la débil luz. Y allí, con la mitad de mi cuerpo ya sumergido en la espesa neblina que cubría el suelo y las paredes, con mi corazón apuñalando con sangre mis débiles retinas, allí, en ese preciso
momento, abrí mis ojos sumergiéndome en la más absoluta oscuridad, pues de lo más profundo, se escuchaba su llanto, ella lloraba a lo lejos, en algún lugar despojado de la realidad.

Tenía que abandonar la otra mitad de mi cuerpo que aún era bañada por las lamparas oxidadas, para, sin retorno, ir junto a ella.
Sin dudarlo fui pasto de lo oculto, decidido y guiado por su desgarrador y sutil llanto me abrí paso por los escalones que precedían al pánico que yo no lograba sentir.
Uno a uno fui descendiendo a ese pozo sin fin, quería estar a su lado.
Mis piernas no se resentían, y yo, sin parar, bajaba cientos de escalones afilados y grises. Su llanto se hacia sentir, me rodeaba el alma y me la apretaba como si la tuviera en su puño, cada vez estaba más cerca, cada vez era más desesperante, cada vez era más doloroso.

No se, pero sin darme cuenta, ya había pisado el último peldaño, ante mí, un largo pasillo, angosto. Las paredes lisas daban paso a estas de piedra y musgo. Me adentré directamente, observando el sonido de su desgarrada garganta. Una puerta era el final de esa gruta abstracta de sinfonías diabólicas.

Estaba a un solo paso de ella. El manillar oxidado gritó de espanto, empujé la vieja madera húmeda y el sonido se hizo eco. Di ese paso antivital y entre directamente en su dolor.

Una gran sala de roca viva, circular, un techo en cúpula que escapaba a mi debilitada vista. Pero eso no llamo mi atención, lo que secuestro mis heladas pupilas fue esa imagen, una cama sutilmente iluminada por velas justo en el centro elíptico de aquel sótano y rumbrenta y podrida, y sobre las sucias sábanas, acurrucada en posición fetal, desnuda, aterrorizada, estaba ella, sollozando de pánico, temblando de estupor, sus huesos tiriteantes golpeaban con cada llanto los hierros agujerados y hacían sonar los cimientos del mismísimo infierno.

Me fui acercando a ella en silencio, observaba sus delgados pies, las marcas de forcejeo de sus brazos, pero su rostro era tapado por su enredado pelo. Pude ver como los tatuajes recorrían la piel de sus piernas, muslos, cintura, la rodeaban como poseyéndola, tatuajes de dolor y muerte.
Podía oler el sudor de su cuerpo que de manera enferma me parecía sensual.

Junto a la cama, el pulso de mi corazón estaba apunto de reventar mis tímpanos, sentía como mi pecho se expandía dando paso a un dolor intenso y punzante, de pronto.

-¡¡ARTUR!! ¡¡ARTUR!!

-¡¡Doctor!! a entrado en parada cardiorespiratoria, ¡¡lo estamos perdiendo, lo estamos perdiendo doctor!!

Pyramiden Köln (8ºParte)

-¿Artur me escucha?, si es así abra los ojos.

Quería hacerlo pero era incapaz, me dolía el pecho y no era dueño de ninguno de mis movimientos, estaba completamente atrapado.

-Es importante que no deje de escuchar mi voz, sigue en el Hospital de Colonia, a sufrido un ataque al corazón y algún que otro percance, le estaré hablando en todo momento, debemos evitar que entre en coma profundo. Haga todo lo posible por intentar mover algunas partes de su cuerpo, por conectarse con nosotros. Los ojos, los dedos de los pies o de las manos. No se asuste si se nota sujeto, no se exalte. Estaremos muy pendientes de su evolución.

-Soy Dam. El doctor, su equipo y por supuesto yo queremos ayudarte, me ha dicho que te hable sin descanso para orientarte. Te has recuperado de la pequeña parada que has tenido, no se sabe aún el porqué, tienes buena salud y eres joven, pero pudo haber sido un sobresalto. Anoche por lo visto, lo ocurrido hizo que tu cuerpo sufriera una gran presión emocional y recayó todo sobre tu corazón. Me estoy desesperando Artur, ya no entiendo nada de lo que está pasando…

Yo entendía mucho menos, no sabía de que me estaba hablando. No podía dejar de sentir el fuerte dolor que presionaba mi pecho. Escuchaba todo a mi alrededor perfectamente, pero no reaccionaba con la sensatez de una persona normal. Divagaba en un mundo de oscuridad en donde mis pasos iban en busca de esa voz lejana. Pero ese vacío etéreo era como estar en el vientre materno, me sentía seguro, protegido y confortable.

– Esto está acabando con mi paciencia y entendimiento, me voy a ver obligado a llevarte de vuelta a casa, debido a lo que pasó anoche me han nombrado como tu tutor legal, esto se nos está escapando de las manos.

Sabía que estaba cerca de su voz, a cada paso sus palabras se adueñaban más de mi conciencia. Una pequeña luz fue apareciendo de la nada, poco a poco, destelleante, levanté mi mano, ligera y casi inexistente, para poder tocarla.

– Muy bien Artur, muy bien, ¡enfermera! , ¡enfermera! llame al doctor, a movido el dedo de la mano derecha.

El brillo empezaba a cegarme, y por mucho que estirase mi brazo, no podía llegar.

-Estamos aquí, su hermano y yo, intente ahora abrir los ojos, debe hacer un pequeño esfuerzo.

La oscuridad estaba totalmente desapareciendo y me vi sumergido en aquella inmensa ciénaga de luz, el resplandor se instaló en mi cerebro pues me recorría desde dentro, y allí, entre tanta luminosidad empecé a desdibujar unas siluetas, que fueron lentamente haciéndose más familiares.

-Así es, poco a poco. Enfermera baje un poco las persianas por favor.

-Artur, muy bien, ya estás haciéndolo, sigue así.- dijo Dam.

Mis ojos salieron por completo de la oscuridad, y ahora, lentamente estaban enfocando aquellas siluetas, y allí estaban, pude reconocer por fin de donde venían las voces.

-Bienvenido Artur, soy su doctor,espero me reconozca, no hace falta que hable aún, ya está despierto y entre nosotros de nuevo, eso es lo importante. Si me está escuchando correctamente y entiendo lo que le digo, porfavor, parpadee una sola vez.

Y así lo hice, podía entenderle, aunque mis fuerzas no daban más allá de un simple parpadeo, pero lo logré.

– Muy bien, muy bien. Esto es un proceso lento. Ante todo y lo más importante es que usted no se excite, no se sobresalte, pues su enfermedad podría causarle otro ataque y esta vez podría ser irreversible.

Fui siendo consciente muy despacio, eso si, de cada parte de mi cuerpo, un hormigueo me recorría desde la nuca hasta las puntas de los pies. Sentía como mi corazón latía por fin. Estaba eufórico y quise hablar.

-Dam…

-Dime Artur, dime.

-¿Qué ha pasado? – dije a duras penas, entre parpadeos de decaimiento.

-No creo que sea conveniente explicárselo ahora, ¿no doctor?

-Efectivamente

-Artur, sufriste un pequeño ataque al corazón debido a una alta presión nerviosa. No puedo decirte ahora el motivo concreto que la produjo, pero anímicamente ya estas recuperado. Sobretodo intenta no asustarte.

Fui incorporando aire lentamente a mi cuerpo para poder despertar de una vez, no podía estar más en aquella situación de eterno sufrimiento y dudas, y lleno de reproches contra mi mismo hice el esfuerzo de poder moverme.

-¡No Artur! ¡No lo hagas! -me gritó Dam.

-¡¿Qué es esto?! ¡¿Qué ocurre?!

Dam se abalanzó sobre mi impidiéndomelo.

-¡¿Dam que pasa?! ¡¿Por qué no puedo moverme?! – grité

Sentía que mi cuerpo seguía dormido pues no respondía a mis impulsos. Incliné mis ojos, como pude, para ver mis extremidades y me di cuenta que no era mi cuerpo el que fallaba.

-¡¡Dam!! ¡¡Dam!! ¡¡¿Por qué me tenéis amarrado a la cama?!! ¡¡Dam!!

-¡ Tranquilízate Artur!- Me gritaba sujetándome los brazos.

-Enfermera administrele al paciente ochenta miligramos de calmante intravenoso. No correremos riesgos.

No me creía lo que me estaba pasando, era ilógico, el pecho me dolía más y más a cada latido, ¡¿qué diablos estaba ocurriendo?! , mis brazos y mis piernas estaban sujetas a la cama a través de una especie de cinturones apretados al máximo. Miré fijamente a Dam a los ojos, tuvo que ver que estaba derrotado, me rendí y entre llantos me deje caer sobre la cama de nuevo.

-Dam, por favor explícame que está pasando.

-No se como hacerlo, pero por favor cálmate. Déjame intentarlo.

Yo lo miraba como el perro que mira a su amo después de ser apaleado. Prosiguió.

-Yo estaba en el hotel, me llamaron de madrugada. Al llegar estaba toda la planta en alerta y la policía custodiaba tu puerta. Entré y estabas rodeado de médicos. Por lo visto, según cuenta tu enfermera, en mitad de la noche saliste de la cama y subiste a la azotea del hospital, justo hasta llegar a la orilla norte, y… Artur, … intentaste tirarte al vacío…, por suerte la enfermera pudo subir a tiempo al ver que faltabas en tu habitación y evitó que te lanzaras, pero sin embargo no pudo evitar que entraras en parada cardiorespiratoria, sumiéndote en un profundo coma…

Deje de oír su voz poco a poco, seguía despierto, eso si, pero no quería escucharle. Se creó un silencio fantasmal, cargado de tristeza y de una impotencia que se debilitaba lentamente entre los sollozos de ambos. De un estado de tensión y nerviosismo, absolutamente todo, paso a ser una simple ironía de la vida. Estaba perdido en un abismo que nacía y moría en mi. No pude decir una sola palabra. Dejé caer mi cabeza hacia un lado , miré entre las aberturas de las persianas y solo pude llorar, llorar sin esfuerzo, sin lamentos y sin sentido, llorar así es la versión contemporánea mas sórdida de la tristeza.

Pyramiden Köln (9ºParte)

Pasaron las horas y el sol recorrió una a una las pequeñas aperturas de mi persiana hasta llegar al triste ocaso del día.

-Enfermera, por favor, haga pasar a mi hermano.

Me miró sorprendida. Supongo que después de un día mirando en silencio un punto fijo, era extraño que reaccionase tan calmado.

– Hola, me ha dicho la enfermera que venga. ¿cómo te sientes?

– No hables. Simplemente siéntate y responde a mis preguntas. No nombres lo que pasó anoche.

-Así será…Dime…

-¿Sabes ya algo de los vídeos de seguridad que te pedí?

Yo intentaba de alguna forma hacer caso omiso a lo ocurrido la noche anterior. Quería centrarme en el comienzo de todo aquello que originó ésta locura.

-Artur, a ver como te lo explico…supongo que es un mal momento para contártelo pero, lógicamente no te voy a mentir, eres mi hermano.

-¿A qué te refieres? – le dije

-Después de que hablásemos en el jardín, como te prometí, llamé al inspector que se había puesto en contacto conmigo. Le pedí que si podíamos hacer una segunda rueda de visión de las cámaras de vigilancia. Y créeme que no serás el único sorprendido… me quedé en blanco cuando me dijo que debido a un error informático las imágenes habían desaparecido… Incluso le pregunté si se podían volver a pedir las originales…pero por desgracia esas eran las únicas.

– Pero… a ver… Dam. Ya no sé ni como tomarme todo esto… te lo juro que no lo sé..así que ni pienso preguntarme cómo ha ocurrido eso…Al menos dime si cuando salgamos de aquí podemos ir a visitar a la cárcel al supuesto ladrón.

Se regañó como si tuviera que volver a darme una mala noticia…

– ¿Qué pasa?

-Ahora viene la segunda parte en la que la historia del comisario se vuelve un poco mas oscura, por decirlo de alguna manera. Las imágenes, los testigos, las circunstancias …todo apuntó a un juicio rápido contra él; fué juzgado y encarcelado, pero bajo fianza. Según me contó, y te juro que te hablo literalmente; me dijo que no duró ni un solo día entre rejas… Enseguida pagaron su fianza y salió libre.

Yo suspiré profundamente antes de que empezase a gritar de rabia y me volviesen a tachar de loco. Tenía que empezar a controlar mis nervios si quería de alguna forma que me soltasen y salir de allí.

-Dam, quiero hablarte de hermano a hermano, como hemos hablado siempre…como cuando hemos tenido problemas… Me vengo a este país con unas pocas monedas en el bolsillo, dejo atrás mi familia y cuando por fín empiezo mínimamente a adaptarme, aparece una noche cualquiera, una mujer…

-¡Deja la historia de esa mujer! ¡No existe!

-¡Por favor! Te lo pido una sola vez…te dije que te callases…¡Escúchame! Ella apareció esa noche, con dos o tres palabras entró en mi vida de raíz…No lo sé… a mi, sinceramente, me parecía una chica muy guapa. Pensé que era un juego, se acercó, me habló, me intimidó bastante… De pronto todo dio un vuelco, salió del tren corriendo como una loca… y sí… llámame estúpido, pero mi vida hasta el momento era una mierda. Corrí tras ella y cuando la encontré agachada en aquella esquina pasó algo horrible…Me apuñaló Dam… Me apuñaló… Al cabo de un tiempo despierto de un coma en éste hospital, en ésta misma cama… salgo al jardín y en aquel lugar, junto a la valla, donde me encontraste, allí hablé con ella. Cuando volví contigo a la habitación, ¿recuerdas que te pregunté a ti y a la enfermera si alguien había entrado en aquí?

-Si . dijo resignado

-Les pregunté, porque sobre mi cama había un tulipán negro y una nota que decía que no hablase más con ella. Lo escondí y esa noche tuve un sueño en el que yo bajaba a un sótano y ella estaba llorando desesperada, triste, sobre una cama rumbrenta. De pronto me despierto maniatado de pies y manos, con un dolor en el pecho que me atravesaba y cuando digo que me atravesaba es que lo hacía… era como una gran barra de acero frió que me empalaba a ésta cama. Después de darme cuenta a duras penas de esa jodida situación, me dices en mi cara que había intentado suicidarme esa misma noche. Y ya para terminar sigo amarrado como un loco mientras me sigues diciendo que las únicas pruebas han desaparecido. Dam, ¿aún sigues pretendiendo que me calme?

Se quedó mirándome con las órbitas de los ojos congeladas. No sabía que responderme.

-Desde que he llegado aquí he intentado entender todo esto, pero se me escapa. Se supone que tengo que cuidar de ti…mamá también está sufriendo por todo esto, pero ponte en mi situación… Me han presentado pruebas, la policía, el doctor, la enfermera…¿qué quieres que haga? Artur, has intentado suicidarte…Me da igual lo que haya pasado en aquel callejón…si fue una chica, si fue un hombre…me da absolutamente igual. De pronto, un atraco con agresión mira en lo que se ha convertido… quiero ayudarte pero primero ayúdate a ti mismo y dame pruebas…quiero confiar en ti.

-Dam, sólo te voy a pedir que intentes confiar en mí. Te daré pruebas. Acércate mete la mano debajo de mi almohada, ahí tienes una de ellas.

Se incorporó y se acercó hacía mí. Metió su mano bajo la almohada. Sabía que cuando encontrase lo que yo había escondido, todo iba a cambiar, pero de pronto se escuchó una voz fría e imponente que venía desde la puerta. Era la figura impoluta y enigmática de la enfermera.

-¿Qué está haciendo? Los enseres de la habitación han sido cambiados por completo. Saque su mano de ahí. La visita ya se ha acabado…

Pyramiden Köln (10ºParte)

-Varios días después-

El pasillo al que me enfrentaba era como el corredor de la muerte, pero sin embargo una muerte que para mi significaba libertad. Iba recorriendo aquella larga pasarela sobre una silla de ruedas empujado por mi hermano y sobre mis rodillas, una bolsa en donde cabían todas mis pertenencias. Ya había llegado la hora de dejar atrás el hospital y todo lo que con él llegó a mí.

El mismo sentimiento que cuando caes al vacío, esa sensación de que todo va a cámara lenta, que todo se frena y solo escuchas tu corazón. Así me siento. Rostros pálidos asoman por las puertas emblanquecidas y me miran como si conocieran mi alma o vieran la rumbe de mi sombra.

Justo al final, antes de llegar a la salida, en aquel rincón etéreo de la realidad estaba ella ; firme, casi indestructible, efímera, su expresión estaba bañada en cera, y me miraba con esos ojos sin fin en donde no se diferenciaba su pupila de la oscuridad de sus ojeras. La desconocida enfermera proyectaba una sonrisa diabólica que se escondía tras su seria expresión. Su capucha triangular y su gabardina formaban la figura que daba entrada al infierno psicodélico de lo delirante. Sin duda alguna aquella mujer no era de la misma carne ni piel de la que están hechos estos pies y están manos maniatadas.

Al pasar a su lado el aire se condensó de tal manera que era doloroso respirarlo, ya que eran simplemente astillas de hielo que flotaban descompasadas con la vida. Supe que era su presencia pues al quitarla de mi vista y alejarme unos metros, todo se calmó y el calor volvió a mí.

Estaba ya ante los últimos pasos para salir. Poco a poco la luz del exterior bañaba mis pies dormidos , mis piernas, mi vientre, mi pecho, mi rostro y mis ojos.

-¡Disculpe! – dijo una voz de pronto a nuestra derecha, era el doctor. – recuerde todo lo que hemos hablado, conserve todos los informes y si existe alguna complicación en la evolución, por favor tráigalo sin dudarlo. Tiene un vehículo en la entrada principal que les llevará hasta donde hemos acordado.

– Así será doctor, muchas gracias por todo y esperemos por el bien de mi hermano que no tengamos que volver. Gracias de nuevo. – respondió mi Dam.

Yo me limité a hacerme el evadido y que no escuchaba ni asimilaba nada de mi alrededor, solo quería que pasará el tiempo rápidamente, puesto que en ese momento se me estaba haciendo eterno.
No se porque pero tenía la sensación de que al salir, ella estaría allí, quizás junto algún árbol, en un banco, apoyada en cualquier muro. En la puerta que estaba al final del jardín había un taxi típico de Colonia que nos esperaba algo impaciente.

Cuando llegamos a la acera miré como era de esperar en todas las direcciones , se me tuvo que notar que había cambiado por completo, me sentía liberado y deseaba verla, era la única conexión con todo lo ocurrido, quien verdaderamente sabía que no estaba loco.
De pronto sentí como el calor de un aliento me hablaba al oído izquierdo haciéndome sobresaltar.

-¿Esperaba encontrar a alguien?

Me giré y no lo podía creer , era ella, la enfermera había seguido mis pasos y me observaba atenta, me susurraba al oído haciéndome tragar su horrible aliento. No podía reaccionar bruscamente porque sería el motivo perfecto para que volvieran a meterme allí dentro. Así que cogí algo de aire que no estuviera infectado por su respiración y le respondí calmadamente.

-Si, esperaba ver a alguien de mi familia. Ha sido una decepción, pero seguramente no habrán podido venir por algún motivo.

-Será por eso, de todos modos le tienen muy presente. No olvide … – me dijo irguiéndose y poniendo su mano sobre mi hombro – … que todo lo ocurrido fue producto de su imaginación, no vuelva sobre sus pasos ya que fueron un grave error.

Al decir esto último supe que sonreía ya que lo vi reflejado en el cristal del taxi. Volvió a la puerta y observó sin falta de detalle como mi hermano soltaba mis amarras y me metía en el coche ya que yo aún tenía mis extremidades dormidas. La estampa era rocambolesca, esa mujer en el marco de la puerta principal , tras ella el corredor del jardín y al final la entrada al hospital donde estaban, para mi sorpresa, el médico ,las enfermeras y varios pacientes observando.

La brisa empezaba a caer sobre nosotros y el día estaba apagándose, se torno gris y frío , los árboles dejaban caer sus hojas ante el movimiento y teñían esa última imagen de un toque más tétrico si cabía. Cerré la puerta, mi hermano se subió y arrancamos, nunca olvidaré esa sonrisa, esa última mirada, no se porque pero sabía que volvería a verla.
El coche avanzó por la avenida y recordé las palabras del doctor: “Tiene un vehículo en la entrada principal que les llevará hasta donde hemos acordado”.

-Dam, ¿a dónde vamos?

-Lo sabrás al llegar.

Pyramiden Köln (11ºParte)

El taxi recorría las calles con un destino y un propósito concreto. Mi hermano miraba por la ventanilla, quizás culpable, quizás perdido, quizás ignorante, no lo se, pero yo estaba aún metido en aquella nube de confusión tras confusión. Al menos me había alejado de aquel ambiente tan tétrico del hospital y por fin me sentía “libre”.

Pasamos cruzando todo el centro de Colonia junto a las vías del tren, y tomamos una carretera secundaría justo después del estadio de fútbol, sabía que por ahí se iba a las afueras. El taxi redujo la velocidad y entró por un callejón muy estrecho y poco transitado. Llegamos a lo que parecía un hostal. Era nuestro destino final. Decidí no preguntar nada en ningún momento, ahora quería observar el movimiento de cada persona de mi alrededor, hacerme el iluso y el perdido para que todos actuaran con naturalidad y poder comprender algo. Todo aquello me parecía muy extraño, y cuando digo todo, incluyo a Dam.

-Baja Arthur, hemos llegado.

El hostal era sencillo, el frente era gris, para llegar a la entrada había que pasar un terraplén de gravilla con una fuente central que parecía abandonada. Durante esos metros desde que el taxi se fue y llegar al hall, ninguno de los dos habló. Yo pensaba mil cosas, como: ¿dónde están las cosas de mi piso? , ¿qué pasó con mi habitación? , pero suponía que después de tanto tiempo, todo estaría empaquetado y que Dam iba a llevarme de vuelta a casa.

En el interior todo era de lo más normal, es decir, impersonal, frío con alguna que otra lámpara de diseño salpicando algo de luz tenue. En el recibidor de reservas nos atendió una señora ya entrada en edad pero con cierto aire burocrático.

-Hola, buenas tardes, teníamos una reserva a nombre de Dam Montagne. – Le dijo mi hermano haciendo gala de su torpe inglés y dejando claro nuestro apellido francés, que hemos heredado por parte de padre.

-¿Para dos personas? Respondió

-Si, una sola habitación con dos camas independientes por favor

-Correcto, en el ordenador me dice que vendría usted, pero la reserva está hecha a nombre del Doctor Müller, ¿es correcto?

-Si, nos ha enviado él directamente.

-Muy bien, aquí tiene la llame, su habitación es la 613

Ya en la habitación e instalados poco a poco fueron surgiendo más palabras entre nosotros, aproveché la oportunidad y la intimidad que teníamos.

-Dam, ¿qué ha sido de mi piso y mis cosas, de mi trabajo, vamos, de mi vida?

-No te preocupes por nada, a tu trabajo he llevado los papeles del médico y lo han entendido perfectamente, se han disgustado y te mandaron saludos y abrazos. El compañero de piso que tenías se ha encargado de empaquetar todas tus cosas y ya están de camino a casa.

Me hablaba con la cabeza agachada, como con miedo, asustado, como si todo tuviera que ser rápido y en silencio, parecía que estábamos huyendo del país por algún motivo.

-¿Qué está ocurriendo, me has preguntado acaso si quiero irme? ¿porqué metes todas mis cosas en una maleta, dejas mi piso, y casi que me obligas a volver a casa? Tengo 25 años, y hace mucho decidí que yo, elegía mi vida.

Me cabreé y le alcé la voz increpándolo, pero sin embargo él, solo pudo responderme con sumisión.

-Arthur, soy tu hermano mayor, confía en mi por una vez, confía en mi. Volvamos a casa juntos, descansa de todo esto que ha pasado, mereces un descanso, luego cuando todo se haya calmado y reflexiones, podrás elegir de nuevo tu camino. Le prometí a mama que volvería contigo, todos quieren verte, están preocupados. Hazlo aunque sea por ellos.

Estaba claro que algo muy extraño ocurría, pero no se si es que me conoce muy bien, pero tocó mi fibra débil. Tenía lógica lo que decía, y quizás mi cabezonería haría sufrir a nuestra madre. Me acerque a él…

-De acuerdo hermano, iré contigo a casa

-Gracias, créeme que estás haciendo lo correcto. Mañana temprano sale nuestro avión, intenta descansar.

Nos metimos en las camas y la tarde fue llegando, hasta que el sol terminó de irse, pasaron las horas espesas y largas. Dam se durmió pronto, yo no podía cerrar los ojos en absoluto, era de locos poder acostarme tan tranquilo en aquella situación. Decidí ver si la nevera de la habitación tenía algo de comida, pero nada. El hostal debería de tener alguna cafetería en la parte baja o máquinas expendedoras. Sin hacer ruido, salí de la habitación, recorrí el pasillo casi de puntillas y baje a la primera planta, junto a la recepción había un cartel rumbrento que indicaba con una flecha el lugar del bar. Era ya muy entrada la noche, con suerte me atendería alguien.

En la barra no despachaba nadie, pero al final de ésta se encontraba un expositor con pequeños dulces y bocadillos. Cogí un plato, servilleta, un donut de chocolate y un minibocadillo de algún extraño embutido. El pequeño comedor parecía vacío, era lógico por la hora, además no creo que hubieran muchos inquilinos en aquel hostal. Caminé entre las mesas para buscar un rincón más iluminado y cuando tomé asiento, escuché un ruido que venía del otro lado del salón, era un chirrido de silla, no estaba solo. Me erguí un poco sobre mi asiento para alcanzar a ver la otra punta del bar, y sí, en una mesa alejada del todo, había alguien. Estaba de espaldas a mi y parecía que también tomaba algo, era sin duda alguna, una mujer de pelo negro y delgada.

Pyramiden Köln (12ºParte)

Seguí comiendo hambriento mi pequeña cena, después de la insípida comida del hospital esto me sabía a gloria. Cuando el azúcar empezó a hacer efecto en mí, parecía que todo me iba llegando a la mente, todos los recuerdos, las personas que había conocido y en que circunstancias, todo parecía salido de una película de misterio, pero de las más macabras y retorcidas.
De alguna manera me estaba tomando la situación de una forma que ni yo reconocía, en una sola noche toda mi vida se paró y cambió de rumbo en un solo abrir y cerrar de ojos. Todo a sido una enfermiza locura, la noche en aquel tren, la chica, el apuñalamiento, despertar sin recordar nada en un hospital, mi hermano, la ausencia del resto de mi familia, el doctor Müller que parecía conocer a Dam de algo más, y como no, la enfermera salida de la mismísima ultratumba.

De todo lo ocurrido, solo ella mantiene mi mente perdida, ¿cómo puede una desconocida torcer tu destino, apuñalarte, meterte de cabeza en un manicomio y aún así, pensar en ella? No se lo que siento pero creo que mi ansiedad es por necesitarla, no necesitarla como se necesita a un amor, no, necesitarla porque aparte de saber la verdad, más allá de ese importante motivo, en nuestra extraña y peligrosa relación había algo, me atrevo a decir que ella despertó en mi, emociones que jamás había tenido anteriormente.

Ante mis ojos perdidos, sus ojos temerosos eran bellos, parecía que desde su interior y a través de su mirada me dejaba entrar en su alma, donde habitaba otra persona, una niña asustada que gritaba pidiendo mi ayuda. El destino nos había cruzado de esta forma tan misteriosa y debía de haber un motivo, se que ahora tengo que volver a casa y es lo más evidente, pero esta claro que ella no saldrá de mi cabeza, y que tarde o temprano volveré a verla.

-Disculpe señor – me dijo una voz proveniente de mi izquierda

-¡Vaya!, hola señora, que susto me ha dado – le conteste sobresaltado a la anciana recepcionista

-Perdone que le importune, debo cerrar el bar.

-No se preocupe ya me había acabado la comida, ¿debo pagárselo aquí o lo cargará a mi habitación?

-Si, se lo añadiré a la reserva señor

-No recuerdo bien el número de la habitación, ya que fue mi hermano quien…

-No hay problema, sois los únicos que tienen una habitación rentada en estos momentos, la 613

-¿Los únicos? , ¿se refiere a que quizás somos las únicas personas que hemos entrado hoy?

-No, me refiero a que no hay nadie más en el establecimiento, es una mala época para el turismo, el frío lo hace más complicado – me dijo mientras jugaba con sus pulgares

-Normal, este tiempo es muy duro, le preguntaba porque al otro lado del salón hay una chica comiendo, no quiero ser atrevido, pero , supongo que será su hija entonces –

La señora giró sus hombros y miró a la joven que comía al otro lado, más allá del alcance de mi vista

-Señor, me ha dado un susto de muerte con su broma – me dijo sonriendo de medio lado y poniéndose la mano sobre el corazón –

-¿Broma?, no entiendo, será entonces su nieta

Le cambió la cara y me hablo más enserio

-Caballero no se como es el humor macabro de los españoles, pero en este hostal solo estamos tres personas, su hermano, usted y yo. Y si me disculpa, interrumpiré su burla a esta anciana para terminar de recoger el bar

-Señora, no pretendía…

La mujer se dio la vuelta enfadada y entró en una puerta tras la barra dejándome con la palabra en la boca. Me quede asombrado, para nada quise faltarle el respeto, me levanté quitando mi silla y fui directamente al otro lado del salón para hablar con la chica, pero al girar en la columna mi corazón dio un vuelco, allí no había nadie. Fui hasta la mesa y comprobé que la silla estaba rodada con respecto a las del resto de su fila, el asiento estaba caliente. Resultó que la anciana era quien se burlaba de mí o alguien jugaba de nuevo conmigo, lo que si estaba claro es que no era mi imaginación, allí estuvo alguien durante toda mi cena.

De camino a la habitación se escuchaba un leve murmullo en todo el pasillo, al acercarme me di cuenta que era Dam quien susurraba al teléfono. No hice ruido al llegar a la puerta, y pude escuchar por la rendija entre abierta lo que hablaba.

-Sí doctor Müller todo, el hotel, el servicio, como usted había dicho. Él sigue aún en el aire, no está muy hablador y tampoco a puesto resistencia a marcharnos. Todo va según lo hablado doctor… (hizo una leve pausa)…de acuerdo, mañana antes de volar le avisaré.

La conversación era irónica en ese momento, preferí no hablar y entrar sin decir ni aludir nada a lo escuchado.

-¿Dónde estabas? (me pregunto Dam haciéndose el despistado torpemente)

-Bajé a cenar, tenía hambre y el minibar parecía el de un hostal de carretera.

-No me gusta que desaparezcas así sin decirme nada, me tenías preocupado.

Me quedé mirándolo y con ganas de contestar ciertas cosas, pero decidí seguir con mi plan de hacerme el incrédulo y seguirle la corriente.

-Bueno, no volverá a pasar, simplemente estaba cansado de la comida del hospital y necesitaba comer algo. Voy a descansar, mañana hablamos. (le dije mientras me metía entre las sábanas)

Apagó las luces y se acomodó. Yo me quedé despierto la mayoría de la noche, escuchando el fuerte viento y lo que parecía lluvia o nieve, pensando inevitablemente en que mañana sería un día muy extraño, todo esto quedaría atrás.

Pyramiden Köln (13ºParte)

– ¡ No puede ser, seguramente habrá alguna solución !

Me despertaron las voces que daba Dam al teléfono. Parecía que ya estaba amaneciendo, ni se cuantas horas había dormido.

-A ver, señorita, si todo está confirmado y pagado, ¿cuál es el problema?

Hablaba sobre la cama y por lo visto estaba cabreado con la persona del otro lado del teléfono. Increpaba con sus manos intentando no se muy bien el que, pero siguió.

-Es responsabilidad vuestra darnos una alternativa. Otro vuelo a diferente hora, salir desde otro aeropuerto donde no haya tormenta, algo se les debe de ocurrir. No podemos quedarnos más días aquí, debemos coger un avión hoy…

Siguió hablando, supongo que con la agencia de viajes. Por lo visto, había tormenta y el aeropuerto de Köln estaba cerrado al tráfico aéreo. Yo dejé de escucharlo y lo pasé a un segundo plano, me saludó moviendo la cabeza y siguió en su charla. Yo me acerqué a la ventana, había escuchado toda la noche ese fuerte viento y lluvia, debió ser este temporal que ya estaba llegando. Abrí las cortinas y parecía aún de noche, el cielo estaba encapotado, gris, espeso; la fuente que había en el centro del patio sólo asomaba unos centímetros, no quiero exagerar pero quizás habrían unos tres metros de nieve. Era imposible salir de aquel lugar, a menos que alguien abriera el camino con maquinaria.

Por un segundo me sentí contradictorio conmigo mismo, me alegraba por la llegada de la tormenta y a su vez el espectáculo que veía ante mí, me agobiaba, me sentía prisionero en aquel lugar, porque al fin y al cabo es lo que eramos. El hotel estaba alejado, la cantidad de nieve en la entrada dificultada el acceso a cualquier persona o vehículo y la soledad de aquel lugar me anudaba el estómago. Estábamos atrapados en aquel hostal lo que durara el mal tiempo.

-Bajaré a desayunar, te espero abajo.

-Déjame solucionar esto primero, tú ve comiendo. (me dijo tapando el teléfono con la mano)

Fuera de la habitación se notaba bastante el frío, como era de esperar no había ni un alma en aquellos pasillos.

-¡ Buenos días señora ! Siento lo de anoche no era mi…

La mujer del hostal ni me miró, se dio media vuelta y siguió a lo suyo. Por lo visto lo ocurrido la noche anterior le calló muy mal. Yo respeté su actitud y me serví el desayuno cerca de la televisión del salón.

-Última hora, todos los aeropuertos del norte y el oeste de Alemania permanecen cerrados debido a la tormenta gélida siberiana. El fenómeno polar está devastando el norte de Europa con vientos gélidos de hasta 230 kilómetros por hora y se temen marejadas de seis metros en las costas. Siete víctimas se anunciaron entre el Reino Unido, Polonia, Suecia y Dinamarca. El peso de la nieve y hielo están causando múltiples cortes en la energía eléctrica, y el agua, inundaciones y aluviones.

Las noticias pintaban muy mal la situación y empecé a asustarme. Tenía claro que por mucho que mi hermano se empeñara en subir a un avión, yo no iba a acceder, ni loco con este tiempo. De alguna manera sentía que todo lo que estaba ocurriendo era una señal. Un aviso programado por el destino para que me quedara en Köln.
Dam apareció mal humorado y se sirvió la comida del buffett con rabia. Por lo visto hoy no salíamos.

-Buenos días. Antes no te dije nada, estaba hablando con la incompetente que me atendió de la agencia de viajes y me llevó a mis extremos. Por lo visto hay una tormenta que viene de Siberia y está azotando todo el norte de Europa, no hay vuelos casi desde ninguna ciudad. Vamos a tener que quedarnos aquí hasta nuevo aviso, al menos ellos se hacen cargo de la habitación y nuestros gastos.

-Parece lógico, si el tiempo está así, es un peligro para todos. Ni siquiera podríamos salir del hotel, ¿has visto la entrada?

-Si, desde la ventana de la habitación, pinta feo, tienes razón. (dijo a regañadientes)

El día pasó aburrido y silencioso, y con él, un día más, y otro, así un total de tres noches incomunicados del mundo por completo. Nuestra única vida era bajar a comer, hablar, ver la televisión y volver a dormir. Hasta que a la cuarta noche, en uno de mis paseos nocturnos por esos pasillos sin fin, para comer lo último de la cafetería, todo cambió. Sin darme cuenta, se repetía todo lo ocurrido la primera noche. Cenaba escuchando la televisión de fondo, de vez en cuando un sonido llamaba mi atención, hasta que me di cuenta que provenía del otro lado del comedor. Al girar en la esquina volví de golpe a la imagen del primer día, allí estaba sentada en la misma silla. Di un paso para acercarme sin hacer ruido, pero no se como, me escuchó y sin mirar atrás salió rápida y silenciosa por la puerta de servicio, por supuesto, la seguí. Caminaba por los pasillos que llevaban a la cocina y los almacenes como si los conociera.

-¡ Para ! (le grité en inglés, idioma en el que me defiendo)

Ella siguió escabulléndose. Por momentos me venían imágenes a los ojos, como flashes. Me dejaban en blanco, todo me recordaba a las calles de Köln en aquella noche fatídica. Estaba seguro que era ella, ¿quién si no?

– Por favor, ¡para! sólo quiero hablar contigo.

Corrí hasta llegar a ella, se le notaba debilitada, y la sujeté por el brazo para hacerla frenar, me debía muchas explicaciones. Ella se giró asustada y me miró.

-Perdóname, por favor, yo no quería…

No era ella. Me quedé observándola sorprendido mientras la sujetaba, parecía que la quería ver reflejada en su cara , pero no, no era. Se disculpaba constantemente conmigo como si hubiera cometido el mayor de los delitos, y la solté.

-Di…disculpa (dije tartamudeando) pensé eras otra persona.

-No para nada, perdóneme usted a mí, sólo le pido que entienda mi situación y no llame a la policía, le juro que simplemente he cogido comida.

-No se a que te refieres, creo que me confundes. Soy un inquilino del hotel.

-¿No es usted el dueño o el cuidador? (me preguntó extrañada y algo aliviada)

-No, me estoy alojando aquí con mi hermano hace días. ¿Por qué huías?

-¿No va a decir nada a los dueños? ¿no llamará a la policía?

-Para nada, simplemente quiero saber quien eres y que hacías en el comedor.

-Pues…vivo en la calle, soy una sin techo. Merodeo los jardines hace tiempo y me he dado cuenta que viene muy poca gente. Por las noches, logro entrar y comer algo caliente. Me ha parecido ver a una señora, pero no se cuántas personas rentan el local, por eso aprovecho las últimas horas del día para venir. Lo malo, es que debido a la tormenta no puedo salir, moriría de frío, aparte que no llegaría muy lejos por la altura de la nieve.

-¿Y dónde estás durmiendo ahora?

-Me quedo en los contadores de la luz, la caldera desprende algo de calor.

La joven a simple vista era una persona normal, debería de tener entre 25 y 35 años, morena y desaliñada debido a su situación.

-No se que decir, por mí no te preocupes, no diré nada. ¿Pero puedo ayudarte en algo?

-No, gracias. Lo que si le agradezco es que no diga nada al menos hasta que pase la tormenta. Fuera de aquí moriría congelada, jamás he visto un frío así.

-Por eso no hay problema. No se que decir… debo volver a mi habitación.

Ella asintió con la cabeza y ambos nos fuimos por caminos diferentes. Antes de doblar la esquina para meterme por la puerta de servicio me giré.

-Por cierto, mi nombre es Artur.

Ella se quedó mirándome, parecía que nadie en mucho tiempo le había hablado con amabilidad.

-Yo, Verónica.

 

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