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La felicidad del optimista
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La felicidad del optimista

Seguramente son muchos los días en los que nos levantamos de forma diferente, con dudas, sin energías, algo decaídos. Sospechamos que no es una buena mañana para salir de la cama y lo máximo que hacemos es acercarnos a la ventana, observar a través de ella a los demás y en silencio, suspirar. Es sencillo darse cuenta de que estamos esperando a ser rescatados, quizás buscamos una señal que nos diga al oído como actuar, como bailar con esta sinfonía llamada, vida.

Nos planteamos si todo lo que hacemos merece la pena, dudamos de nuestro esfuerzo continuo, y sin embargo nos auto-convencemos de que todo saldrá bien.

Observo cada día en televisión, Internet, en la radio, prensa, etcétera el como me intentan vender la utópica felicidad, buscan la manera de acceder a mi tristeza para ofrecerme la fórmula mágica de la alegría infinita. Todo ello enfrascado en la idea de que el ser humano es la especie más pesimista y sufridora de la creación.

Pasan los años y con el tiempo empiezo a encajar algunas piezas a las que muchos no hemos prestado la suficiente atención. Hablo cada día con las personas que encuentro en mi camino, abro mi corazón para acceder al suyo, escucho sus dilemas, los motivos que los hacen sonreír, intento entender como se enturbian las vidas que en un momento temprano parecían estar destinadas a la gloria. El largo recorrido me lleva en casi todas las ocasiones a unos seres humanos muy especiales, los ancianos, y es ahí en donde nace mi comprensión y reflexión.

Por donde quiera que caminamos nos ofrecen la idea de ser felices, nos promocionan la eterna juventud, el equilibrio, la opción de que con ciertas actitudes u objetos podremos alcanzar esa quimera.  Usan como excusa, lo que comente con anterioridad, nos bombardean con la falsa noticia de que somos pesimistas, depresivos, ansiosos.

No hay mayor error que el que nos intentan inculcar, mis años de recorrido por este mundo me han demostrado una enseñanza muy cierta. Somos seres que llegan a este mundo en medio de sufrimiento, gritos y llantos. No podemos comer por nosotros mismos, no tenemos equilibrio, no tenemos coordinación ni para poder comer, dependemos de unos padres para todo, nos orinamos y hacemos popo encima, y aún así, y aquí está la clave señor@s, aún así somos optimistas y seguimos adelante, aprendemos a caminar, a coordinarnos y con el tiempo aprendemos un lenguaje desconocido para poder comunicarnos con quienes nos dan todo.

Según avanza la edad vamos a un colegio en donde de alguna forma  u otra somos retados a ser mejores cada día, vendiéndonos la idea de que no somos lo suficientemente buenos en nada de lo que hacemos, que todo lo que queremos debe tener una nota, una supervisión, tendremos que luchar con aquellos que consideramos amigos para poder ser mejores que ellos y veremos a otros que se quedan atrás. Aguantaremos la eterna pubertad llena de hormonas que no nos dejaran entender nada, cambios físicos que nos harán avergonzarnos ante nuestros amigos y chic@ que nos guste, pero amigos, aún así, aprobaremos, viviremos con aparatos dentales, con acné, aguantaremos las risas y desprecios, los retos de aquellos que nos educan y avanzaremos sin tapujos.

Si todo va bien y no sufrimos la muerte de seres queridos, amigos, o enfermedades seguiremos adelante hasta los 18, en donde después de recibir todo nos dejan tirados ente un mundo que ahora de la noche a la mañana nos mira retándonos. Saldremos a la calle en busca de posicionarnos, de proteger a los que amamos, de defender nuestros estudios, de aguantar los gritos, insultos, de aquellos que llegaron antes que nosotros. Cuando le empiezas a coger el tranquillo a todo eso, de pronto, eres padre o madre y tienes que dejar de preocuparte por ti para poder atender a un ser que necesita todo de ti, dejas tus deseos y pasiones para destinar tu absoluta existencia a él.

Pronto el tiempo pasará sin darnos cuenta, viviremos la muerte nuestros abuelos, de nuestros padres, de algunos hermanos y otros por desgracia vivirán las muertes de sus pareja y en el peor de los casos de sus hijos, pero aún así, tranquilos, seguiremos adelante luchando por una vida que solo va restándose y sabemos inevitablemente que tendrá un fin, la mayoría de los casos doloroso, aún así, seguiremos.

Cuando nuestros hijos hacen su vida y tenemos tiempo para empezar a recordar que somos seres individuales y dejamos sueños atrás, trataremos de rescatar sueños, pero por desgracia nuestros ojos cada vez verán menos, nuestros huesos nos dolerán más, las manos ya no sujetarán los vasos con firmeza y sin dudarlo veremos que el tiempo nos ha jugado una mala pasada, ya no hay espacio para una redención, cogeremos el teléfono y llamaremos a esos que dedicamos nuestro tiempo y rara vez nos lo cogerán, por ellos hacen su vida.

Un día ya sobraremos en el trabajo y nos dirán adiós con una carta impresa fríamente, iremos a casa con una caja que resume nuestro esfuerzo y nos sentaremos en un sofá a ver como nuestros cuerpos se rinden lentamente.

Todo esto en el mejor de los casos, poniendo como ejemplo una vida idílica, pero, ¿sabéis que? aún así, seguiremos adelante, sabiendo que nos quedan días de vida, ya sea debido a una enfermedad terminal o al fin de nuestros días, aún así, esa mañana nos levantaremos , nos cepillaremos los dientes, comeremos y seguramente nos pondremos perfume.

Somos seres de carne y hueso con fecha de caducidad sin rumbo alguno, que vamos cada mañana al ocaso, y que, repito, sin embargo se levanta para afrontar los devenires sin dudarlo.

Es aquí cuando yo me planteo todo, si somos eso, porqué lo hacemos, qué nos empuja. Entonces, viéndolo así, somos auténticos valientes, luchadores infatigables sin rendición. ¿Por qué me vendes entonces la idea de que somos pesimistas y te vanaglorias por regalarme la eterna felicidad? Escúchame, soy un ser humano que aún estando en un mundo en donde me pueden matar , me puedo enfermar, o puedo perder a mis seres queridos, soy un ser humano que vive cada día avanzando directo a una muerte segura, sintiéndome cada día más débil, y aún así, yo y el resto del mundo, se levanta cada mañana para lavarse la cara y salir a la calle con unos zapatos recién limpios, ¿entonces? lo que está claro es que somos la especie MÁS OPTIMISTA QUE EXISTE, SOMOS LOS SERES CON MÁS GANAS DE VIVIR Y DE SER FELICES QUE JAMÁS CONOCEREMOS. No me vendas mi tristeza, porque pronto el sol y el amor de mis seres queridos harán que me levante.

Sean felices, es un estado que nos dio la vida por naturaleza.

Por Oliver Carballo

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