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Deseo tu sexo
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Deseo tu Sexo

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 Por: Oliver Carballo

¿Dónde está el límite a la hora de tener sexo con nuestra pareja? , ¿hay alguna frontera social, emocional, física o divina que nos impida cumplir nuestros instintos más salvajes junto a la persona que amamos? , ¿cuándo nos dejaremos de sentir culpables por luchar por nuestros sueños? y por último ¿porqué nos aferramos a la idea de intentar controlar y domar el maravilloso mundo que rodea el placer de lograr nuestros propios deseos?

Lo que nos aporta Wikipedia al respecto, aludiendo al libro, El alma está en el cerebro, de Eduard Punset, es lo siguiente:

“El deseo nos saca de nosotros mismos, nos desubica, nos dispara y proyecta, nos vuelve excesivos, hace que vivamos en la improvisación, el desorden y el capricho, máximas expresiones de la libertad llevada al paroxismo. El deseo reivindica la vida, el placer, la autorrealización, la libertad”.

” Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la Víctoria más dura es la Víctoria sobre uno mismo”  Aristóteles           (384 AC-322 AC) Filósofo griego

Hasta aquí y con estas dos aportaciones, tenemos claro que el deseo es algo a lo que aspirar, una cima que domar, un caballo que cabalgar. Y dichoso de aquel o aquella que transforme sus deseos en realidades.

Sin embargo no nos debe sorprender saber que el deseo sexual, es un impulso individual que nos hace desear a otro, e incluso resultar apetecibles para éste, con el objetivo de mantener relaciones sexuales. Esto puede llevarnos, en ocasiones, a una pérdida de control, y rápidamente confundir el deseo con la obsesión. Es aquí cuando se producen desajustes, tanto por exceso como por defecto, produciendo situaciones de incomodidad o de preocupación. Ésta es la frontera.

El exceso de deseo es tan preocupante como la falta de este. Está claro, que  cada persona lo experimenta de acuerdo a sus apetitos, a  la manera como afronta sus emociones o las gobierna. No todos se comportan de la misma forma, influyen una serie de factores, desde los estímulos, enamoramiento, afectos, inestabilidad, seguridad, temor, confianza y muchos otros.

Lo interesante y correcto sería ser consciente a la hora de saber manejarlos, como un caballo desbocado que hay que saber encaminar. Pero de nuevo vuelvo a tener dudas sobre lo leído, ¿es satisfactorio controlar algo tan primitivo como el deseo?

Debemos dejar claro ante todo que hablamos de un deseo sano hacia una persona que amamos y de nuestro placer por cumplir objetivos de autorrealización.

Y si hablamos de autorrealización, me remito a lo  anteriormente dicho por Eduard Punset y Aristóteles en este orden, ” …El deseo reivindica la vida, el placer, la autorrealización, la libertad”  “…la Víctoria más dura es la Víctoria sobre uno mismo”.  En el deseo solo observamos y centramos nuestra atención en otra persona, pero haciendo caso a esto, el fin real de satisfacción somos nosotros mismos en realidad.

Henry Miller ,   (1891-1980)  Escritor estadounidense, dijo una vez:                                         “Vivir sus deseos, agotarlos en la vida, es el destino de toda existencia”.

Fuera y dejando de lado el desagrado de pasar los límites del deseo hasta el punto de transformarlos en obsesión, yo, siendo romántico de profesión, elijo vivir una vida plena, rodearnos de un campo verde, amplio y fértil, con el fin de dejar que nuestro caballo cabalgue desbocado y no tener que domarlo por miedo a los acantilados. Dicho en otras palabras, y como recalco en otro artículo ” Fóllame con amor ” , ” Vivir el sexo es la mejor manera de celebrar la vida” porque éste en si es la vida.

Defiendo la libertad de nuestros sueños, adornados o no. Pero el motor , el impulso hacia la conquista de nuestra felicidad debe ser el deseo. El deseo como excusa para saltar todos los muros que nuestra mente, la sociedad, la religión, la educación o el miedo nos impone cada mañana.

No hay obsesión, no hay descaro, no hay fealdad, no hay sacrilegio, ni nada horrible en despertar una mañana y hacer el amor aún sudando de la noche anterior, tampoco hay nada de malo en hacerlo en el suelo de la cocina o sobre la mesa del comedor. No hay culpabilidad ninguna aunque nuestra edad haya alcanzado cotas altas, todo lo contrario, celebremos estar vivos con el acto de compartir nuestro cuerpo con quien amamos.

A raíz de mi otro artículo ” Fóllame con amor ” recibí algunas críticas referente al título. Pues bien, la intensión de éste no es más que aclarar el agua turbia que tenemos ante nuestros ojos.

Todos por naturaleza deseamos el acto sexual, lo bonito de ello es que nacimos dotados de unos sentimientos para darle, aparte del sentido de la reproducción, otro, el del amor.

Es bellísimo hacerlo entre sábanas de seda un domingo por la mañana sobre la cama de matrimonio, pero también es bellísimo hacerlo salvajemente en los baños del aeropuerto cuando recoges a tu pareja después de seis meses sin verla. Esto último se conoce vulgarmente como “follar” , y lo anterior como “hacer el amor“. Pues bien, hay algo de hipocresía, o al menos así lo veo yo, cuando una persona dice que si tiene sexo, solo lo hará en pareja, enamorada y con amor. Es correcto ese sentimiento, y precioso, pero no es del todo cierto. Disfrutar del llamado ” polvo ” ese desahogo de la naturaleza instintiva, ese despertar de la conciencia de la satisfacción, es un placer sublime que se nos concede y no debemos de desaprovechar.

Dedicado a la tarea de conocer bien el perfil de las personas que aparentemente rechazan el sexo sin amor, decidí abrirme a conocer y profundizar en su psique. El resultado, sin duda alguna, era una barrera social, religiosa y en ocasiones temerosa de abrirse a sus propios deseos. Llevando esto, como no, a la insatisfacción en lo personal y en temas de relaciones amorosas.

Es por ello que concluí en la idea de que ” follar ” y ” hacer el amor ” eran hechos que deberían unirse en una pareja de forma equitativa para una feliz relación. Y de ahí el título y la reflexión final ” Fóllame con amor ” . Todos necesitamos cumplir nuestros deseos de libertad, anhelos de felicidad en forma de satisfacernos y satisfacer a quien amamos o deseamos. Ese impulso nos llega como vida a través de unos ojos brillantes, un latir de corazón desesperado, un temblor en las piernas y unas mariposas en el estomago.

Te invito a que dialogues con tu pareja sobre ese caballo desbocado que ambos tienen con los ojos tapados en una cuadra muy lejana. Miraros a los ojos y celebrar en vuestros cuerpos ésta explosión de vida que sois.

Me despido recordando esta frase de Charles Chaplin(1889-1977) Actor y director británico

“La vida no es significado; la vida es deseo”

Por: Oliver Carballo

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